Vida saludable, Salud,

Definitivamente la ciencia sembrada en el hombre ha comenzado a dar frutos abundantes. Cuando hablamos de salud, estamos entrando en el tema de lo invaluable, de aquello que si se deteriora es difícil de reparar, así que, cualquier libro que nos oriente con respecto al tema. es digno de atención…

Aprendiendo a ser consciente, a permanecer atento, de la manera adecuada, podrás curar dolencias físicas como esguinces de rodilla, dolores de cabeza, indigestión y dolor articular; mitigar preocupaciones emocionales como celos, amargura, ansiedad y miedo; y tomar las riendas de tu economía, tus relaciones e incluso tu vida sexual.

También funciona con las mascotas. El proceso que te enseñaré es sencillo, científico, fácil de aprender y de eficacia inmediata. No requiere que te sientes a meditar ni que flexiones el cuerpo adoptando posturas incómodas, ni tampoco que fuerces la respiración de ninguna manera.

No tienes que apuntarte a un grupo ni pagar cuotas. Ni siquiera es obligatorio que creas en ello para que funcione. Está más allá de las creencias.

Si preguntas a diez personas qué significa «vivir en el ahora, obtendrás diez respuestas diferentes. Igual que ocurre con el tiempo, todo el mundo habla de ello pero nadie parece hacer gran cosa al respecto.

Tal vez se deba a que muchos de nosotros no estamos ni siquiera seguros de lo que significa «vivir en el ahora ni de qué beneficios podría aportarnos…

Códigos, Emociones, Leyes

Leyes y códigos rigen nuestra vida. La tarea de leer libros e investigar solo lo hace aquel que de verdad quiera cambios en su vida.

El Código de la Emoción es un método de autoayuda que a menudo produce maravillosos resultados y fantásticos beneficios, tanto de naturaleza física como emocional. Sin embargo, es un descubrimiento relativamente nuevo y no ha sido estudiado minuciosamente.

Nuestras emociones realmente dan color a nuestras vidas. Trata de imaginarte por un momento un mundo donde las emociones no pudieran existir.

La alegría no sería posible. Ni ningún sentimiento de felicidad, dicha, caridad o amabilidad. El amor no podría sentirse, ni tampoco emociones positivas de ningún tipo.

En este planeta imaginario sin emociones, tampoco existirían las emociones negativas. Ninguna pena, ni ira, ni sentimientos de depresión ni dolor. Vivir en semejante planeta implicaría solamente existir. Sin la habilidad de sentir emociones de ningún tipo, la vida quedaría reducida a un ritual mecánico poco
prometedor durante toda la existencia. ¡Agradece que puedes sentir emociones!

Mucho de nuestro sufrimiento se debe a energías emocionales negativas que han quedado “atrapadas” dentro de nosotros. El Código de la Emoción es un método simple y poderoso para encontrar y liberar esas energías atrapadas.

Todo ser humano posee en su cuerpo un sistema absolutamente milagroso de curación que puede sanar cualquier problema de tipo físico, o no físico, que pueda tener. Se llama sistema inmune.

Nacemos con un programa de autocuración que está diseñado para resolver cualquier problema antes de que pueda convertirse en problema. Incluso el que todavía no se ha mostrado como tal, pues también ese. El programa puede resolverlo en el mismo momento en que surja el problema.

Si los sistemas corporales, el inmune y el curativo, pueden curar cualquier tipo de problema que usted tenga, entonces aquello que inactive tales sistemas debe ser la causa de toda enfermedad y de toda alteración. Y así es.

El Código de Curación puede recuperar el funcionamiento de los sistemas inmunológico y curativo porque sana «los problemas del corazón espiritual». El Código de Curación encierra el descubrimiento de un sistema que ha permanecido en el cuerpo desde los albores de los tiempos…

Dr. Alexander Loyd.

Depresión, Tristezas, Salud mental

Solo quien ha vivido situaciones difíciles, puede entender a aquellos que las están pasando.

No es cuestión de ponerle la mano en el hombro y decirle: todo va a estar bien, ¡no es así de sencillo!

El autor de este libro basado en su experiencia personal, ofrece unas pautas para superar este mal tan complicado, como lo es la depresión.

La recomendación es: prestarle mucha atención y poner en práctica dichas pautas, para salir de ese estado en poco tiempo.

La conciencia en psiquiatría puede definirse como el conocimiento que
permite la interpretación de la realidad. Nos permite conectar nuestros estímulos externos, es decir, nuestras sensaciones, con sus asociaciones, es decir, los motivos por los cuales suceden esas sensaciones.

Tú eres consciente que te sientes mal, que estas deprimido, triste, con ansiedad, porque tienes unas sensaciones negativas.

La mente de una persona está compuesta por recuerdos y situaciones vividas, pero… ¿en realidad somos conscientes de lo que se nos pasa por la cabeza? Desde que nacemos y conseguimos desarrollar los sentidos, tenemos la capacidad de almacenar en la memoria recuerdos e imágenes que se producen.

De estos recuerdos a menudo no recordamos ni la mitad pero, en un momento determinado, se nos vienen y no somos capaces de relacionar. Sabemos que es algo familiar, pero no lo podemos situar en ningún momento exacto de nuestra vida.

Rubén Quintas.

Observar la “vida” desde el punto de vista de la consciencia interna sin utilizar las referencias adquiridas mediante el aprendizaje, puede ayudarnos de forma definitiva a posicionarnos muy cerca de la Verdad y disfrutar de una vida consecuente, consciente, ecuánime.

Lograr dejar a un lado todo lo aprendido dejando únicamente al que observa desde que aparecimos en escena, nos permite no tener que defendernos, ni tomar partido por nada de lo que pudiéramos creernos que somos. Nos permite abrir la mente a la comprensión de lo real.

También logramos liberarnos de la necesidad de tener que comprender o entender algo como una necesidad primaria o como una obligación. Simplemente las cosas se muestran tal cual ocurren sin mediar nuestra intervención para luego conscientemente decidir nuestra forma de proceder, qué es bueno para uno mismo.

Tampoco importa nada nuestra valoración, ya que lo que es seguirá
siendo lo mismo sin nuestra intervención.

Somos el que vive desde dentro, como una realidad constante y casi de forma invariable, mientras que lo externo va cambiando y puede darse o no, puede ser de un modo u otro. En un momento aceptamos ser algo, para más tarde estar en una situación radicalmente diferente.

Las emociones determinan la calidad de nuestra existencia. Se dan en todas las relaciones que nos importan: en el trabajo, con nuestros amigos, en el trato con la familia y en nuestras relaciones más íntimas.

Pueden salvarnos la vida, pero también pueden hacernos mucho daño. Pueden llevarnos a actuar de una forma que nos parece realista y apropiada, pero también pueden conducirnos a actuaciones de las que luego nos arrepentiremos de todo corazón.

Si usted tuviese que enfrentarse a su cónyuge porque se ha gastado una suma enorme en adquirir algo sin hablarlo antes con usted, ¿podría distinguir si lo que muestra su rostro es temor o indignación, o si lo que hace es poner caras largas a la espera de lo que suele calificar de comportamiento demasiado emocional?.

¿Usted siente las emociones de la misma forma que su cónyuge?, ¿que los
demás? ¿Se enfada o siente temor o tristeza por cosas que a los demás parecen traerles sin cuidado? ¿Qué podría hacer al respecto?.

¿Se enfadaría si oyese volver a casa a su hija de dieciséis años dos horas más tarde de su toque de queda? ¿Qué es lo que desencadenaría el enfado: el temor que usted siente cada vez que mira el reloj y se da cuenta de que no ha llamado para decir que llegará tarde, o las horas de sueño que pierde esperándola levantado?

Al día siguiente, cuando lo hable con ella, ¿podrá controlar su enfado
hasta el punto de que ella crea que en realidad lo de la hora de llegada a usted le importa un comino, o lo que verá será una ira contenida y se pondrá a la defensiva? Al ver su rostro, ¿sabrá usted si se siente avergonzada, culpable o quizá un poco insolente?…

Milagros, Vidas pasadas

La conciencia de que tenemos múltiples vidas, separadas por paréntesis espirituales en el otro lado, ayuda a disolver el miedo a la muerte y a llevar más paz y dicha al momento presente.

A veces, la mera evocación de traumas en vidas pasadas desemboca en percepciones y curaciones increíbles. Esta es la vía rápida.

Quienes no han tenido ningún recuerdo de vidas pasadas pueden llegar a
comprender y a tener una perspectiva mejorada presenciando o leyendo sobre las experiencias de otros.

Una identificación empática puede ser un poderoso estímulo transformador. Esta es una ruta alternativa, en la que la dirección del progreso es más importante que la velocidad. A la larga, alcanzaremos un estado de conciencia iluminada.

El tesoro del libro reside en las historias cuidadosamente cultivadas y cosechadas por lectores y participantes en talleres durante los últimos veintitrés años. Compartidas aquí, las experiencias subyacen a todo aquello sobre lo que he escrito y dado clases y lo honran.

En miles de voces, estas historias validan no solo los fenómenos de las regresiones a vidas pasadas sino la totalidad del universo psicoespiritual.

Leeremos sobre almas y almas gemelas, sobre la vida después de la
muerte, sobre vidas presentes completamente transformadas por encuentros con el pasado.

Las historias tienen en común el modo en que la mente y el cuerpo se pueden curar de manera profunda y permanente. Explican cómo la pena se puede transformar en consuelo y esperanza, y cómo el mundo espiritual impregna y enriquece nuestro mundo físico en todo momento.

Brian Weiss.

La mente es un mundo bastante interesante, el poder que ejerce en nuestra vida es ilimitado, y para muchos desconocido. Afortunadamente los estudios científicos han descubierto elementos que relacionan el poder que ejerce la mente sobre el cuerpo.

La medicina convencional sigue llevando la delantera en Occidente, pero millones de personas han adoptado la medicina alternativa. En Estados Unidos se habla habitualmente en televisión sobre las maravillas de la sanación espiritual y el reiki.

Hasta un 38 por ciento de los adultos emplean alguna modalidad de medicina complementaria o alternativa. Cada año se gastan cerca de 34.000 millones de dólares en ello, con 354 millones de visitas a profesionales de la medicina alternativa.

En Londres, donde vivo, las madres suelen ponerles collares de ámbar a sus bebés con la creencia de que esa piedra preciosa tiene el poder de ahuyentar el dolor de dientes; mujeres inteligentes y formadas rechazan ponerles a sus hijos vacunas que son vitales y, como mi amiga, optan por tratamientos que, científicamente, carecen de todo sentido.

Cuando se trata de la salud, la ciencia y la medicina convencionales tienden a ignorar o a restar importancia al efecto que ejerce la mente sobre el cuerpo. Se acepta que los estados mentales negativos como el estrés o la ansiedad son capaces de dañar la salud a largo plazo.

La idea de que pueda ocurrir lo opuesto, que nuestro estado emocional pueda ser importante para protegernos contra la enfermedad, o que nuestra mente pueda tener “poderes curativos”, se considera una extravagancia suprema.

El doctor Chopra comienza por examinar algunos de los interrogantes más urgentes con los que se enfrentan los médicos:

¿Por qué algunos pacientes hacen “todo lo correcto” y no mejoran?

¿Por qué los enfermos terminales a menudo parecen aliviados, casi felices, como si morir les enseñará por primera vez cómo vivir?

El ser humano, ¿aprende solamente a través del sufrimiento o hay otra forma de encontrar sentido y plenitud en la vida? Vida sin condiciones
relata infinitos casos reales, abordando disciplinas que van desde la física moderna y la neurociencia a las tradiciones antiguas de la sabiduría de la India.

En los diez o veinte últimos años, la medicina ha debido abrirse a temas que, en el pasado, nunca pudo enfrentar a gusto. Los pacientes quieren saber por qué sufren, lo que no es novedad, por cierto; pero cuando plantean la pregunta, sus implicancias más profundas se niegan a permanecer sepultadas.

No se conforman con saber por qué les duele el estómago, los intestinos o el pecho. “¿Por qué sufro yo?” es la disyuntiva. Y aun después de apaciguar la
úlcera, desbloquear el intestino o extirpar el tumor de mama, el paciente vuelve con la aflicción en los ojos.

Llevado hasta el límite de mi supuesta pericia, he pensado en ese sufrimiento y tratado de observar con la mayor atención a las personas que tienen la franqueza de enfrentarme a él.

Así he efectuado algunos descubrimientos sorprendentes. En el medio de la vida cotidiana parece haber un agujero, como si alguien hubiera arrojado una piedra a través de un vidrio blindado.