Cuando entendemos, El regreso del caballero de la armadura oxidada, PDF – Robert Fisher

En las cosas sencillas a veces encontramos la magia, el camino, el campanazo para el despertar, la humildad como virtud lleva al ser humano a aceptar las enseñanzas, a entender que como ser humano no está exento de caer en errores.

Psicología, Armaduras, Caballeros

Muchos lectores me han preguntado por qué no le había dado un nombre al Caballero. La razón es que todos nosotros, tanto hombres como mujeres, somos Caballeros que vamos en busca de la alegría, el amor, la felicidad y la libertad.

Como recordaréis si habéis leído el libro, el Caballero se permitió caer en un interminable abismo, superar el miedo y el terror, aprender a perdonarse a sí mismo y a los demás, y todo ello le condujo a la cima de la montaña donde se desprendió de lo que quedaba de su armadura.

Tras experimentar esta primera renuncia, creí que lo había logrado. Ahora Dios y yo íbamos a ser uno solo. Pasaría el rato con Él, nos conoceríamos y nos tutearíamos.

Esperaba que mi vida fuera un camino largo y sencillo, de completa felicidad. Pero en su lugar descubrí que, aunque pudiera acariciar la alegría y la felicidad con más frecuencia y más profundidad que nunca, no podía mantener ninguna de las dos cosas. Y, por mucho que mi vida fuera más fácil, no era por completo sencilla. La sensación de haberlo conseguido se vio reforzada a través de los cientos de lectores que reconocían amablemente el impacto que mi libro había tenido en sus vidas.

Las ovaciones que recibía cuando hablaba en público (lo hacía donde había más de dos personas reunidas) hicieron que me sintiera todavía más seguro de haber logrado la maestría en la vida. Disfruté de esta radiante gloria lo suficiente como para adquirir un bronceado cósmico. Tardé un tiempo en darme cuenta de que me estaba convirtiendo en la imagen de lo que la gente creía que debía ser: un Caballero bueno, generoso y amoroso que había escrito un libro muy útil. Pero tardé más tiempo aún en darme cuenta de que ya no estaba oyendo la voz que me había dictado el libro.

Tardé incluso mucho más en descubrir que la razón por la cual no oía la voz era porque no escuchaba. En pocas palabras, yo mismo me había proporcionado una sobredosis de arrogancia espiritual. No estaba manteniendo la paz, la dicha, el amor y la felicidad durante largos períodos de tiempo. Si el camino resultaba muy duro, me retiraba una vez más a la armadura de mi ego para sobrevivir. En realidad, me irritó darme cuenta de que la vida no era más fácil, sino tan sólo más sutil. Sabía que tenía por delante otra búsqueda, de modo que ahora te invito, lector, a que te unas a mí allí donde dejé mi último libro.

Robert Fisher.

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Publicado por

Jair Montes

Me encanta ver a la gente triunfar, por eso trato de contribuir con material que aporte algo positivo...

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