Cuentos sabios, Cabaret místico, PDF – Alejandro Jodorowsky

Con cuentos también se aprende, en las cosas simples encontramos grandes tesoros, la mente y el corazón sabrán encontrar lo bueno.

Un símbolo no concede un mensaje preciso, actúa como un espejo que refleja el nivel de Consciencia del buscador.

En el cristianismo no hay una sola cruz, sino infinitas: para unos es un objeto de tortura, para otros el cruce del espacio y el tiempo, el árbol de la vida, el signo más, etc.

Los textos sagrados pueden originar múltiples comentarios; esto lo saben muy bien los cabalistas, que extraen de la Biblia caprichosas revelaciones. Varias generaciones de psicoanalistas han encontrado
enseñanzas en los sueños y en los cuentos de hadas. Entonces, me dije que no hay, en sí, textos sagrados: lo sagrado lo otorga el lector.

La verdad no está en un libro sino en el espíritu de quien, usando como apoyo el símbolo, descubre en las profundidades de su ser ese misterio esencial que es su genuino Maestro. Si es así, ¿por qué no ir a buscar la sabiduría en el arte literario más humilde de .todos?: el chiste. ¿Por qué no tratar estos cuentecillos como si fueran textos iniciáticos? Son anónimos, tienen por finalidad provocar la risa sanadora, hunden sus raíces en el inconsciente, transportan un sentido crítico y una filosofía natural…

A un buscador de la verdad le cuentan que existen flores que brillan tanto como el sol. Comienza infructuosamente a buscarlas. Se le convierten en una obsesión. Durante años recorre el planeta rastreando esas luminosas flores sin encontrar ninguna. Decepcionado, convencido de que no existen, se sienta al borde de un camino con la decisión de ayunar hasta morir de hambre. Al cabo de unos días ve pasar a un viejo campesino llevando en sus brazos un enorme ramo de flores que brillan tanto como el sol. Asombrado, le pregunta: Dígame, buen hombre, ¿cómo puede usted encontrar tantas de estas flores cuando yo, a pesar de haber recorrido el mundo entero, nunca las vi? Muy fácil responde el viejo: por la mañana, apenas me despierto, miro fijamente el sol. Luego,veo estas flores por todas partes.

Este primer intento de buscar la sabiduría de los chistes tuvo una buena acogida, lo que me dio ánimos para continuar. Me dediqué a explorar en los libros de humor que encontraba en los aeropuertos, en revistas infantiles, en las apariciones de humoristas en televisión, en cualquier reunión con amigos o de negocios. Me bastaba preguntar a mi interlocutor «¿Sabes algún chiste?» para verlo, entre risas, contar humildes y geniales cuentecillos en los que, más de una vez, asomaba el brillante astro de lo sagrado.
“No puedo cambiar el mundo pero sí puedo empezar a cambiarlo”,

Alejandro Jodorowsky.

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Publicado por

Jair Montes

Me encanta ver a la gente triunfar, por eso trato de contribuir con material que aporte algo positivo...

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